Por Pedro López Salcedo 

¿Se acerca un tiempo nuevo en que el objetivo empresarial deja de ser exclusivamente la generación de valor económico para el accionista aún a costa de debilitar o sacrificar la generación de valor social y medioambiental?

Ir a noticia publicada por Cinco días el  13 de julio de 2015. http://cincodias.com/cincodias/2015/07/11/empresas/1436613041_308040.html

 

La aplicación a la empresa del concepto “desarrollo sostenible” -tan utilizado en los últimos años, incluso para etiquetar conductas, actitudes y estrategias que no tienen que ver con él- se basa en la conjunción de desarrollo económico, desarrollo laboral y social -dentro y fuera de la propia empresa-, y desarrollo medioambiental. Ninguna de estas tres patas de la Responsabilidad social corporativa puede crecer a costa de las otras dos, ya que eso significa “desestabilizar el taburete de la sostenibilidad” y hacerlo caer.

Sigue siendo frecuente una concepción de la gestión y el desarrollo empresa que busca el beneficio a corto plazo a costa de erosionar las condiciones laborales y sociales de proveedores y empleados, o mediante operaciones de ingeniería fiscal para tributar en un país tercero por los rendimientos que se obtienen en el país de origen a cambio de una sustancial rebaja en el impuesto que grava el beneficio de la actividad; o aumentar la cuenta de resultados externalizando (es decir, ignorando) el coste de esquilmar los recursos naturales y del impacto de la actividad de la empresa sobre su entorno.

Este concepto de gestión coexiste con posiciones, igualmente extremistas, defensoras de una forma de gestión que compromete la viabilidad económica por promover unas óptimas condiciones sociales y medioambientales, con efectos igualmente perjudiciales para el futuro de la empresa.

Estas dos posturas maximalistas y confrontadas, beneficio frente a ecología y/o soberanía social, son las que generan ruido y debate estéril, ideologizando la cuestión básica de asegurar la supervivencia empresarial, y paralizando iniciativas que den lugar a una RSC real y con todo su significado.

El asunto concierne especialmente al sector agroalimentario en general, y de calidad diferenciada en particular porque, hoy por hoy, sigue siendo un potente motor de generación de riqueza económica, porque tiene una gran capacidad de influir en las condiciones laborales y sociales de la zona en la que se asienta, y porque su actividad genera un fuerte impacto ambiental sobre el ecosistema que la rodea.

La buena gestión empresarial en el sector agroalimentario no puede limitarse a una buena definición y planteamiento de políticas y estrategias de marketing y comercialización. Debe incluir una política de RSC fuerte, equilibrada y compensada, que garantice la seguridad, la solidez y la durabilidad del “taburete”. Y viceversa.

Pedro López Salcedo es director de PRO-VOC, asesoría en markeitng agroalimentario.